El sueño cambió de forma: la historia de Uriel Clara

Hoy, Uriel Clara es el director deportivo del A.R. Monex Sub-17, un equipo que vive su primera temporada en Europa y que, carrera tras carrera, ha comenzado a hacerse notar por sus resultados, pero también por la unión y la identidad que ha construido como equipo.

Cada fin de semana, Uriel está detrás, planeando estrategias, analizando a sus corredores y tomando decisiones durante las carreras. Pero su relación con el ciclismo comenzó muchos años antes, cuando él mismo era quien estaba sobre la bicicleta. 

Uriel creció en San Salvador, Hidalgo, y durante su infancia el deporte que ocupaba su tiempo era el fútbol. Jugó de los 6 a los 15 años, siguiendo también la influencia de su papá, que había sido portero. Hasta que, a los 16 años, una carrera de ciclismo que pasaba cerca de su comunidad despertó su curiosidad.

En ese momento, Uriel vio pasar a dos corredores de Canels, uno de los equipos profesionales de ciclismo de ruta más exitosos del país y pensó: “Cuando yo sea grande voy a estar en ese equipo.”

Decidió prepararse para correr aquella competencia al año siguiente. Sin un entrenador y sin seguir un entrenamiento formal, ganó en la categoría de novatos. Aquel triunfo fue suficiente para convencerlo de que quería seguir.

Empezó a inscribirse a más carreras y a utilizar cada vez más la bicicleta. Durante un tiempo, su entrenamiento fue prácticamente por intuición y aún así, comenzaron a llegar segundos, terceros lugares y cada vez más constancia.

A los 17 años, encontró a una persona que comenzó a orientarlo formalmente y su preparación tomó otro rumbo. Un año después llegó su primera Olimpiada Nacional y, ese mismo año, su primera competencia internacional: el Tour de l’Abitibi, en Canadá, con la selección de Hidalgo.

Aquella carrera también tuvo un significado especial. Ahí volvió a encontrarse con los dos ciclistas que había visto años atrás en aquella primera competencia cerca de su comunidad. Fue una de las primeras veces que Uriel pudo ver de cerca que aquello que parecía tan lejano también podía ser posible.

El sueño de Canels

A los 19 años llegó uno de los momentos más importantes de su trayectoria.

Durante una Vuelta a Oaxaca, Uriel competía con la selección de Hidalgo y se encontraba en el tercer lugar de la clasificación Sub-23. El equipo tuvo que abandonar la competencia antes de terminarla, pero un corredor de Canels, le pidió que se quedará con ellos, para ayudarles y, al mismo tiempo, que pudiera terminar la competencia.  

Uriel se quedó. Al terminar, recibió una invitación para integrarse al equipo de Canels. El equipo que años atrás había visto pasar frente a su casa y que había imaginado como un sueño, ahora era su realidad.

Después llegaron más vueltas internacionales: Costa Rica, Panamá, Bolivia, Ecuador y otras competencias que le permitieron correr junto a ciclistas de gran nivel y acumular experiencias que más adelante serían fundamentales para su etapa como entrenador.

También llegó una de las enseñanzas que más tarde influiría en su carrera. Tuvo como entrenador a un colombiano que ya había corrido en Europa y a través de él, Uriel comenzó a entender las diferencias entre la forma de correr en México y Europa.

La estrategia, la dirección de carrera y la manera de preparar a los corredores eran distintas. Fue ahí , cuando por primera vez comenzó a pensar que quizá algún día podría mirar el ciclismo desde otro lugar: como entrenador.

Pero todavía faltaban varios años para que ese camino apareciera. 

Un sueño que tuvo que esperar

Uriel intentó llegar a Europa como corredor en diferentes momentos de su carrera.

A los 19 años surgió la posibilidad de integrarse a un proyecto en Italia. Después de un campeonato nacional recibió una invitación, pero finalmente el proyecto no se concretó. Años después, con 24 años, volvió a aparecer una oportunidad: un equipo español mostró interés en él durante la Vuelta a México. Nuevamente, el proyecto no llegó a materializarse. 

Fueron dos oportunidades que parecían acercarlo a Europa y que terminaron dejándole una sensación de frustración.

A los 25 años, después de diferentes experiencias y problemas externos a su desempeño deportivo, Uriel decidió retirarse del ciclismo. Durante un año se alejó por completo de la bicicleta; volvió al fútbol y guardó todo lo relacionado con el ciclismo.

Pero el ciclismo todavía tenía un lugar reservado para él. 

Cuando dejó de competir, comenzó a formar

Después de su retiro, el Instituto del Deporte de Hidalgo lo invitó a prepararse como entrenador. Uriel comenzó a trabajar con la selección hidalguense y durante aproximadamente tres años se dedicó a formar corredores.

Aquella experiencia confirmó que le gustaba enseñar, aunque también llegó un momento en el que sintió que las limitaciones de una selección estatal no le permitían desarrollar el ciclismo de la manera que él quería, así que volvió a alejarse.

Hasta que apareció Braulio Álvarez. 

Los padres de un niño de apenas cuatro años, le pidieron ayuda para entrenarlo. Después llegó Andrea Paredes y luego Iván Segura, quienes años más tarde también formarían parte del A.R. Monex. Lo que había comenzado como algunos consejos y entrenamientos para unos cuantos niños comenzó a convertirse en un proyecto mucho más grande.

Así nació BSC —Bici Servicios Clara—, un equipo que comenzó con apenas un par de corredores y que con el tiempo llegó a reunir a 16 jóvenes ciclistas.

Y ahí Uriel descubrió una nueva manera de vivir su relación con el ciclismo. Con los niños, el entrenamiento tenía que ser también diversión.

“Más que entrenamiento era un juego con ellos”, recuerda.

Jugaban, entrenaban y aprendían. Pero al mismo tiempo Uriel comenzó a asumir una responsabilidad cada vez mayor: no solamente quería que sus corredores fueran buenos, quería asegurarse de que estuvieran aprendiendo correctamente.

Comenzó a estudiar más, tomar cursos y buscar información sobre ciclismo infantil. Era un terreno que todavía tenía mucho por explorar y Uriel entendió que trabajar con jóvenes requería una preparación distinta.

Los resultados comenzaron a llegar. Braulio, Andrea, Iván y los demás corredores del equipo comenzaron a ocupar los primeros lugares en competencias nacionales, tanto en ruta como en montaña. Con el tiempo llegaron campeonatos nacionales y el proyecto comenzó a crecer.

También llegaron apoyos que hicieron posible que los jóvenes viajarán, compitieran y contarán con mejores bicicletas y equipamiento.  

Pero Uriel tenía una meta que seguía apareciendo una y otra vez: llevarlos a Europa. Sabía que era difícil y que también era costoso.

Desde que eran pequeños les decía a sus familias que, cuando tuvieran la edad suficiente, quería llevarlos a competir allá. Porque para Uriel, Europa representaba el lugar donde estaba el nivel más alto del ciclismo y donde quería que sus corredores tuvieran la oportunidad de desarrollarse.

Y entonces apareció el A.R. Monex. 

De llevarlos a Europa a llegar él también

Uriel conoció el proyecto del A.R. Monex a través del Tour Venados, donde participó con sus corredores en dos ediciones. Ahí comenzó a ver una posibilidad que antes parecía prácticamente imposible.

Si sus corredores entraban a un sistema como el de A.R. Monex, podrían tener la oportunidad de llegar a Europa. Así que, Braulio, Andrea e Iván realizaron el proceso de detección y comenzaron su camino dentro del sistema.

Uriel continuó acompañándolos y, en 2024, incluso tuvo la oportunidad de compartir con ellos una última competencia internacional, en Costa Rica, antes de que sus caminos cambiarán definitivamente.

Poco después, durante un Campeonato Nacional de Montaña, el Director de Alto Rendimiento del A.R. Monex, le hizo una pregunta que parecía lejana: “¿Te gustaría estar en Europa?”

Uriel no dudó.

Así que a finales de 2025, se incorporó al A.R. Monex. Y así, años después de haber intentado llegar a Europa como corredor, tomó un avión para hacerlo como director deportivo.

Empezar de nuevo en Europa

Llegar a Europa significó enfrentarse nuevamente a algo que Uriel conoce bien: aprender.

Aunque tenía años de experiencia como ciclista y entrenador, sabía que el ciclismo europeo era diferente. Su primera carrera en Europa fue junto a Peteris, director del equipo Sub-19 y comenzó a observar cómo se competía, cómo se tomaban decisiones y cómo se dirigía a los corredores.

Peteris también se convirtió en una figura importante en su adaptación. Uriel comenzó a aprender de él y a incorporar nuevas herramientas para entender las carreras y trasladarlas después al trabajo con el A.R. Monex Sub-17.

La primera carrera de sus corredores fue una prueba. Todos lograron terminar, algo que para Uriel ya representaba un avance importante y en la segunda llegó una victoria: Carlos Valdovinos ganó la carrera.

A partir de ahí comenzaron a llegar más resultados, hoy el equipo suma 13 podios. 

Al mismo tiempo, llegó una nueva etapa de enseñar. Uriel empezó a adaptar sus métodos de entrenamiento, sus estrategias y su manera de dirigir. Porque una de las grandes diferencias que ha encontrado en Europa está precisamente en la manera de correr.

En México, explica, muchas carreras pueden concentrarse en controlar al corredor o al equipo considerado más fuerte. En Europa, los equipos proponen, atacan y toman decisiones constantemente.

Eso obliga a los corredores a pensar. Y también obliga al entrenador a seguir aprendiendo. “Cada carrera hacemos algo diferente porque ellos también proponen algo diferente”, explica. 

Un equipo detrás del equipo

Hay otra diferencia que Uriel considera fundamental. En México, durante sus primeros años como entrenador, muchas veces tenía que hacerlo todo: entrenador, mecánico, acompañante, consejero y prácticamente cualquier función que hiciera falta.

En el A.R. Monex, encontró una estructura especializada: médico, psicólogo, fisioterapeuta, nutricionista, mecánicos y staff trabajan alrededor de los corredores.

Eso le permite concentrarse en lo que considera su principal responsabilidad: conocer a cada atleta y encontrar la mejor manera de desarrollarlo. Para Uriel, buena parte de los resultados que el A.R. Monex Sub-17 ha conseguido en su primera temporada europea vienen precisamente de ahí: del trabajo en equipo.

No solamente de los corredores, sino de todas las personas que hacen posible que puedan prepararse y competir en las mejores condiciones.

Y esa estructura también lo ha hecho crecer a él. “El A.R. Monex es el mejor lugar para desarrollar el talento como entrenador y el talento de los ciclistas”, afirma. 

Formar personas antes que ciclistas

A pesar de la exigencia del alto rendimiento, hay algo que Uriel no quiere perder: la diversión.

Su manera de entrenar sigue teniendo mucho de aquella etapa en la que trabajaba con niños en Hidalgo. Hay momentos para entrenar, momentos para descansar y momentos para divertirse.

Pero también hay una diferencia importante: hoy trabaja con jóvenes que están compitiendo en Europa y que tienen objetivos cada vez más grandes.

Entre todos los valores que busca transmitir, hay uno que considera fundamental: la sinceridad. Ser capaces de reconocer lo que hicieron bien, pero también lo que hicieron mal. Decir cuando están cansados, cuando algo no funciona o cuando necesitan ayuda.

Para Uriel, conocer al atleta también significa observar más allá de los números y saber cuándo tienen un mal día, entender cuándo necesitan exigirse y cuándo necesitan descansar.

Porque antes de ser ciclistas, son personas. Y algunos de ellos están viviendo una experiencia enorme lejos de casa. Los conoce, convive con ellos, los observa y aprende junto a ellos.

El siguiente sueño

La historia de Uriel Clara tiene varias vueltas. Quiso ser futbolista, descubrió el ciclismo a los 16 años, vio pasar a un equipo y soñó con formar parte de él y lo consiguió a los 19 años. 

Intentó llegar a Europa como corredor y las oportunidades no se concretaron, se retiró y regresó como entrenador. 

Formó a niños que compitieron, ganaron y llegaron a Europa. Y, cuando menos lo esperaba, terminó llegando él también.

Hoy, desde el A.R. Monex Sub-17, Uriel continúa construyendo esa historia, desde la estrategia, desde el entrenamiento y, sobre todo, desde la relación que construye con cada uno de sus atletas.

Su sueño ahora es todavía más grande. “Quiero ver un campeón del mundo del A.R. Monex” 

Quizá esa frase resume mejor que ninguna otra lo que significa para él estar aquí. Porque Uriel sabe que los grandes resultados no aparecen de un día para otro. Se construyen con años de entrenamiento, aprendizaje, oportunidades y personas que creen en un atleta incluso antes de que el mundo conozca su nombre.

Uriel tuvo que recorrer un camino lleno de vueltas para llegar hasta Europa. Ahora quiere ayudar a que otros mexicanos recorran el suyo.

Y esa, quizá, sea la parte más importante de su historia: el sueño que alguna vez tuvo para sí mismo hoy se convirtió en el sueño que trabaja todos los días para cumplir en otros.

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