Hablar de Julio Pérez Cuapio es hablar de una generación de ciclistas mexicanos que abrió camino en Europa cuando hacerlo parecía imposible.
Mucho antes de convertirse en director deportivo del A.R. Monex Open Femenil, Julio era un joven de Tlaxcala que entrenaba prácticamente por cuenta propia, sin imaginar que años después su nombre quedaría marcado en la historia del Giro de Italia.
Su historia comenzó en abril de 1996, en Atlacantepec, Tlaxcala, durante una competencia de 120 kilómetros organizada en su comunidad. Aunque no logró terminar la carrera, hubo algo que llamó la atención de quienes estaban alrededor: su facilidad natural para subir la montaña.
A partir de entonces comenzó a recibir apoyo y entrenar con mayor estructura. Apenas unos meses después, consiguió un séptimo lugar en competencia y posteriormente un segundo lugar en la Clásica de Atlacantepec, una carrera de 130 kilómetros donde compartió ruta con Miguel Arroyo, una de las grandes referencias del ciclismo mexicano. Ese momento cambió el rumbo de su carrera.
Fue precisamente Miguel Arroyo quien comenzó a apoyarlo y a llevarlo a competencias nacionales, entre ellas la Vuelta al Estado de México. Ahí conoció al italiano Loris Nicola, quien lo llevó a Europa.
El salto a Europa
En febrero de 1997, Julio viajó a Italia para comenzar su etapa en el ciclismo europeo sub-23. Tenía apenas 19 años.
Pero el sueño europeo también vino acompañado de una realidad complicada: la soledad, el idioma, las costumbres y una vida completamente distinta a la que conocía en México.
La adaptación no fue sencilla, pero encontró una figura fundamental en Donato Giuliani, un entrenador italiano que no solo lo ayudó a desarrollar su potencial deportivo, sino que también se convirtió en un mentor de vida.
Durante tres años de formación en Italia, Julio comenzó a destacar en competencias internacionales hasta que en 1999 logró cinco victorias importantes que le abrieron finalmente la puerta al profesionalismo.
El Giro de Italia y los años más importantes de su carrera
En el año 2000 se integró oficialmente al equipo Panaria, con el que viviría nueve temporadas y algunos de los momentos más importantes de su trayectoria.
Ese mismo año, en la Vuelta a Malasia, fue 2° lugar en la clasificación general y se coronó como campeón de la montaña. Sin embargo, una frase de su director deportivo lo marcó profundamente: “Estas victorias no cuentan hasta que ganes en Europa.”
Lejos de desmotivarlo, aquello se convirtió en impulso.
A finales del 2000 ganó el Trofeo del Escalador en Italia y comenzó a hacerse un nombre dentro del pelotón europeo. Pero el verdadero salto llegaría en 2001, durante su primer Giro de Italia, cuando conquistó la etapa 13.
Un año después viviría el punto más alto de su carrera: tres victorias de etapa y el título de mejor escalador del Giro de Italia 2002.
Para Julio, esos años estuvieron llenos de emoción y alegría, pero también de mucho sacrificio.
“Fueron mis mejores años. Los viví con mucha emoción.”
Más allá de las victorias, Julio conserva recuerdos imborrables de algunas de las montañas más emblemáticas del ciclismo italiano. Entre ellas destaca el Passo Pordoi, escenario de uno de los momentos más especiales de su carrera: la victoria de etapa en el Giro de Italia 2001. Años después, ese triunfo adquirió un significado aún más profundo cuando su nombre quedó inmortalizado en el monumento que honra a los ganadores que han conquistado ese mítico puerto de montaña, uno de los ascensos más icónicos del ciclismo.
Su capacidad en la montaña también quedó plasmada en el ascenso de Osario Esquío, en Vicenza, al norte de Italia. Julio completó los 22 kilómetros de subida en un tiempo de 46 minutos y 9 segundos, una marca que hasta el día de hoy permanece como récord del recorrido.
Pero el ciclismo europeo también tenía un lado complejo. Julio recuerda los años donde el deporte estuvo marcado por los escándalos de dopaje, especialmente entre 2001 y 2004. Durante algunos Giros de Italia, los controles antidopaje y operativos policiales eran constantes: revisaban habitaciones, pertenencias y concentraciones completas.
“Era algo muy fuerte para todos.”
La familia y una nueva perspectiva de vida
El momento en el que Julio formó una familia transformó completamente sus prioridades. Después de más de una década viviendo el ciclismo profesional europeo, comenzó a valorar más el tiempo con su familia y el deseo de disfrutar una vida distinta fuera de la competencia.
En 2008 tomó la decisión de retirarse del profesionalismo y regresar a México. Aunque dejó atrás las carreras, nunca se alejó realmente del ciclismo.
El presente: formar a nuevas generaciones
Años más tarde, Julio volvió a Europa y en 2025 recibió la invitación de Alejandro Rodríguez, Socio Fundador del A.R. Monex, para integrarse como director deportivo del A.R. Monex Open Femenil.
“Todo lo que aprendí en Europa intentó transmitírselos a ellas.”
Julio destaca la inteligencia, disciplina y capacidad de análisis de las corredoras actuales, además de reconocer el enorme crecimiento que ha tenido el ciclismo femenil en comparación con la época en la que él competía.
“Hoy hay más apoyo, más difusión y más oportunidades.”
Más allá de los resultados, su mayor satisfacción es acompañar el desarrollo de las atletas mexicanas y ayudarlas a adaptarse al ciclismo europeo, tal como alguna vez otros hicieron con él.
Y aunque vivió algunos de los escenarios más importantes del ciclismo mundial, Julio sigue conservando una filosofía sencilla: vivir el presente y disfrutar cada etapa del camino.
Datos curiosos:
Una subida que nunca olvidará:
Passo Pordoi, en el Giro de Italia.
Comida italiana favorita:
Tortellini.
Comida mexicana favorita:
Los tacos en todas sus presentaciones.
El mejor consejo que recibió:
Confiar en el proceso y seguir trabajando.
¿Qué es lo que más disfruta hoy?
Ver crecer a nuevas generaciones de ciclistas mexicanas.

